El yacón se afianza como una alternativa de producción para la agricultura familiar en el Noroeste Argentino, con emprendimientos concentrados principalmente en los valles templados de Salta y Jujuy, así como en la Quebrada de Humahuaca. Investigaciones académicas y de extensión impulsadas por la Universidad Nacional de Jujuy y el INTA destacan el valor de esta especie andina en esquemas diversificados de pequeña escala, donde aporta valor nutricional y nuevas oportunidades comerciales a las comunidades rurales locales.
Aunque carece de estadísticas oficiales sobre superficie o volúmenes cosechados debido a su escala reducida, el interés por este tubérculo creció sostenidamente en los últimos años. Este impulso responde a sus elevadas concentraciones de fructooligosacáridos e inulina, compuestos con marcadas propiedades prebióticas. Ante este escenario, cooperativas rurales y organismos técnicos promueven su incorporación en huertas e infraestructuras socioproductivas, buscando consolidar su adopción en terrenos de piedemonte y zonas templadas del país.
La incorporación de este cultivo ofrece beneficios directos para los pequeños productores al permitir la diversificación productiva y el abastecimiento de nichos de mercado orientados a alimentos funcionales. Su comercialización se canaliza mediante ferias rurales, circuitos locales y venta directa de productos frescos, deshidratados, jugos o jarabes. Adicionalmente, el follaje de la planta brinda opciones complementarias de aprovechamiento, sirviendo para la elaboración de infusiones herbales, compostaje y alimentación animal en menor medida.
A diferencia de los tubérculos tradicionales de consumo masivo, el yacón representa una opción estratégica enfocada en la agregación de valor y la sustentabilidad antes que en el volumen masivo. El Instituto de Desarrollo Productivo de Tucumán y experiencias realizadas en Córdoba confirman su capacidad de adaptación técnica a diversos ambientes agroclimáticos. Sin embargo, los analistas del sector señalan que su consolidación requiere estructurar cadenas comerciales sólidas que conecten de manera eficiente a los agricultores con el mercado.
De cara al futuro, el desafío central radica en construir redes de comercialización informadas y registros estadísticos que permitan evaluar con precisión el impacto económico del sector. La articulación entre el sector académico, las cooperativas y los centros de investigación será determinante para transformar esta raíz ancestral en un motor de desarrollo rural sostenible, capaz de complementar los esquemas agrícolas tradicionales de la región.