Acompañado del anfitrión, el intendente de La Plata Julio Alak y el ministro de Desarrollo Agrario, Javier Rodríguez, la exposición de Axel Kicillof puso a la agricultura, la ganadería, la minería, el sector financiero y hasta al turismo emisivo como grandes beneficiarios del modelo. Pero lo más grave es que dejó más interrogantes que certezas.
Kicillof desnudó, una vez más, un problema de fondo: la falta de una propuesta política capaz de emocionar y convocar más allá de funcionarios, asesores y empleados provinciales que deben escucharlo en pleno horario laboral y después del almuerzo. El que no bostezó, merece un aumento.
El formato es muy parecido a las clases magistrales de Cristina Kirchner: pizarrón imaginario, cifras al hilo y un tono tecno-catedrático apto para audiencias cautivas. Lejos todavía de un dirigente peronista que quiera representar las "nuevas canciones" y liderar un proyecto nacional con esperanza en el futuro.
Kicillof detalló que "se perdieron 411.000 empleos formales en el país" y que "cerraron más de 30.000 empresas". Datos importantes, pero enunciados con la cadencia de un docente universitario, no de un dirigente que pretende disputar el ánimo social en una provincia de 17 millones de habitantes.
El eje del mensaje fue el diagnóstico: un plan económico "contra la producción y el trabajo argentino", comparable, según el gobernador, al de Martínez de Hoz, los años noventa y la gestión de Mauricio Macri. Enumeró tarifazos, apertura importadora, salarios bajos, tasas altas y ajuste sobre jubilados.
El problema es lo que no dijo. En todo el discurso rara vez apareció una idea concreta del tipo "el año que viene vamos a empezar por...". Faltaron definiciones económicas, promesas, un plan alternativo o alguna frase que intente ordenar el futuro nacional:
En una provincia atravesada por la inseguridad, Kicillof no dedicó una sola línea al tema. Ni siquiera intentó vincularlo con la crisis productiva que describió durante casi una hora. Quizá sea mejor así: si hubiera hablado de un problema tan sensible podría haber sido contraproducente.
Pero llama la atención que, a esta altura del mandato, no aparezca un giro comunicacional en una provincia de Buenos Aires, -desde el conurbano al interior productivo- que está harta de los diagnósticos y reclama respuestas.
Más extraña la falta de creatividad e innovación, con un Ministerio de Comunicación Pública conducido por una profesional de extensa trayectoria como Jésica Rey y un presupuesto considerable. Tan considerable, que el medio privado que oficia de portavoz paralelo de Kicillof acaba de inaugurar un mega edificio de 7 pisos.
Varios sectores del peronismo todavía están ilusionados en que Axel Kicillof adquierea una locución política con un discurso capaz de transmitir certezas, fe en el futuro e ideas convocantes.
Ya no se pretende que se transforme en líder y jefe absoluto del peronismo. Ni siquiera de la propia administración provincial, donde no puede por ejemplo, darle órdenes a funcionaros que responden a La Cámpora.
La esperanza está puesta en, aunque sea, pueda construir un discurso que vaya más allá de algunos sectores medios progresistas, nostálgicos de 678 y personas que dependen todos los meses de cobrar un sueldo, una factura o un servicio del Gobierno provincial.
El tramo dedicado al agro y a la minería, es mejor olvidarlo. Fue puramente negativo. Kicillof los ubicó entre los "sectores beneficiarios de este modelo" junto al "turismo emisivo, intermediación financiera, petróleo y gas", y remarcó que "explican el 8% del empleo nacional".
Nada dijo sobre cómo el Estado bonaerense se propone articular al campo bonaerense -principal motor exportador de la provincia- dentro de un proyecto de desarrollo nacional. Los mencionó como adversarios estadísticos, no como socios estratégicos de una eventual reconstrucción productiva.
El palazo al turismo emisivo hace recordar a Javier González Fraga, el exfuncionario de Macri que dijo: "Le hicieron creer a un empleado medio que podía viajar al exterior". Seguramente ningún funcionario provincial habrá viajado al exterior en los últimos años o a la República Dominicana este invierno.
Aún así, diría Apu en Los Simpsons, ahí va el único candidato del peronismo hasta ahora y la persona que tiene muchas chances de ser el próximo presidente de Argentina.