miércoles 15 de julio de 2026 - Edición Nº1276

Agricultura | 14 jul 2026

Investigación y conservación de suelos

El INTA asocia el manejo agrícola con cambios clave en la estructura del suelo y el carbono

Un estudio del Instituto de Ingeniería Rural analizó cómo las rotaciones de cultivos modifican los agregados del suelo y su capacidad de retener materia orgánica. La investigación abre una vía para detectar la degradación del recurso antes de que sea visible con indicadores tradicionales.


El Instituto de Ingeniería Rural del INTA llevó a cabo una investigación científica que asocia de forma directa el manejo agrícola con cambios estructurales en el suelo y en la organización del carbono. El estudio, liderado por el especialista Marcos Roba, evaluó cómo las distintas secuencias de cultivos influyen sobre la proporción de agregados biogénicos y fisicogénicos. Este avance resulta de gran importancia para el sector agropecuario, ya que aporta herramientas precisas para comprender los mecanismos de acumulación y protección de la materia orgánica.

La investigación centró su análisis en tres suelos limosos sometidos a cinco secuencias de cultivo diferentes con variados niveles de intensidad, evaluando factores como el número de cultivos anuales y la proporción de gramíneas presentes. Para observar la composición química de los agregados de cuatro milímetros de diámetro, Roba desarrolló un protocolo avanzado durante una estancia en la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro. Allí combinó microscopía electrónica de barrido con espectroscopía de rayos X por dispersión de energía.

Los resultados demostraron que una mayor intensidad en la rotación de cultivos favorece la presencia de agregados biogénicos, creados por la actividad de raíces, microorganismos y fauna del suelo. Este tipo de estructuras condiciona de forma directa la respuesta del carbono ante el disturbio del manejo agrícola, permitiendo que se almacene de forma diferencial. De esta manera, estudiar la dinámica de los agregados ayuda a diagnosticar la pérdida de calidad del suelo mucho antes de que se manifieste en los análisis tradicionales de materia orgánica total.

"Tanto la degradación como la agregación del suelo implican un cambio en cómo se organiza, se acumula y se protege el carbono", explicó Marcos Roba. El investigador del INTA señaló que el propósito del trabajo no es calificar la intensidad agrícola como positiva o negativa, sino determinar si las prácticas son compatibles con la capacidad del ambiente para sostener su estructura y evitar la pérdida de funciones vitales en los agroecosistemas.

Actualmente, estos hallazgos representan el inicio de una línea de investigación orientada a consolidar nuevos indicadores sensibles de cambios físicos, químicos e hidrofísicos en el suelo. Los primeros avances de este trabajo científico ya fueron presentados en el Simposio Iberoamericano de Ciencias del Suelo y compartidos con la comunidad técnica local en el seminario del Instituto de Ingeniería Rural. Los próximos pasos contemplan validar estas observaciones en una mayor variedad de ambientes productivos del país.

 

 

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