La población de jabalíes europeos —que suman unos 4 millones de ejemplares en territorio nacional— no frena su expansión. Introducidos originalmente a principios del siglo XX en La Pampa para la caza deportiva, los animales escaparon y encontraron en la región un hábitat ideal por la abundancia de agua, alimento y la falta de predadores naturales. Con el tiempo, la expansión agrícola les brindó una fuente adicional de recursos a través de cereales, granos almacenados y campos cultivados.
Según un informe de la Cátedra de Producciones Animales Alternativas de la FAUBA calcula que los perjuicios directos sobre la producción agropecuaria se ubican entre US$ 1.300 millones y US$ 1.600 millones anuales.

Los jabalíes adultos pueden superar los 100 kilos
Muchos de los ejemplares actuales son "chanchos cimarrones" (híbridos con cerdos domésticos). Al ser animales omnívoros y oportunistas, aprovechan una amplia variedad de recursos y avanzan sin freno sobre las áreas productivas y periurbanas de Buenos Aires, rompiendo silobolsas, dañando infraestructura rural y devorando cultivos.
Para los especialistas, el mayor obstáculo para frenar la invasión es la falta de una estrategia coordinada. Mientras que la Provincia de Buenos Aires ya considera al jabalí como una plaga, las normas varían según cada jurisdicción y municipio. Los animales cruzan alambrados y límites sin reconocer fronteras, lo que evidencia la urgencia de un plan unificado para contener una de las invasiones biológicas más problemáticas del país.