"Los caminos rurales están destruidos". Con esa frase, Rosendo Grobo, Tato Agrasar -productor bonaerense de la firma familiar Agrasar- y Felipe Costa Paz, de Itatí Agroinversiones, encabezaron un posteo conjunto que se viralizó en redes.
Los autores, ponen sobre la mesa uno de los debates más postergados de Argentina: cómo mantener una red vial rural clave para la producción y la vida en el campo.
Argentina cuenta con más de 500.000 kilómetros de caminos rurales, una de las redes más extensas del mundo. Por esas trazas salen los granos, la carne y la leche que abastecen al mercado interno y a las exportaciones.
"Cuando están en mal estado, aumentan los costos, se pierde tiempo y se vuelve más difícil producir y trabajar", sostuvieron los autores.
Los tres empresarios remarcaron que la red rural no cumple una función solo económica:
"Sin caminos transitables, acceder a estos servicios se vuelve mucho más difícil. Y cuando vivir en un lugar se vuelve cada vez más difícil, la gente termina yéndose", remarcaron.
El planteo apunta al fondo del asunto: la gestión. Los caminos pueden depender del Estado, de consorcios, de los propios productores o de sistemas mixtos, y los resultados son muy distintos según el modelo aplicado.
"Cuando los fondos compiten con otras necesidades locales, el mantenimiento queda atado a las prioridades y urgencias de cada gestión", advirtieron. Grobo, Agrasar y Costa Paz proponen un modelo de gobernanza colaborativa basado en asociaciones público-privadas, que habilite la cogestión y el control ciudadano por parte de los productores.
"Son modelos distintos, pero tienen algo en común: buscan mejorar cómo se gestionan los caminos", cerraron los autores.